miércoles, 13 de junio de 2012

¿SÍNDROME DE ESTOCOLMO?

Desde hoy, quedan atrás esas horas, días y noches con una ración de estrés que rozaba la sobredosis; esos minutos previos a exámenes que monopolizan el tema de conversación del día y nuestra mente; o esas mañanas que lo único que apetecía era ampliar el plazo durante cinco minutos más para que ese sonido torturante y ensordecedor de la alarma del móvil nos diera tregua para dormir un rato más. 

Después de unas "maratonianas jornadas" estudiando para la temible y a la vez esperada (sobre todo, por su clausura) PAU; llega el momento de retomar ese casi olvidado estado en el que no tienes más preocupación que hacer la cama o no quemarte para no acabar con la apariencia de una gamba ante las inclemencias de un sofocante, y al mismo tiempo anhelado, sol sobre el que surgen los momentos más memorables del año y que, a no ser por cuestión de salud, pervivirán en nosotros hasta nuestro último rescoldo de vida. Supongo que algunos sentirán un gran vacío existencial y se preguntarán: ¿qué será de mí estos meses sin madrugones o sin trasnochar para estudiar? Algunos marcarán en el calendario, incluso, los días que faltan para el inicio de unas clases que, seguramente, pivoten nuestro esperanzador e ilimitado futuro del que sólo nosotros seremos dueños y protagonistas. [Aviso para navegantes: desde "supongo" hasta es ironía; es que hay que explicarlo todo jaja].

Para acabar, este tochaco sin pies ni cabeza, digamos que lo que toca ahora es pasarlo genial, hacer de un trivial verano uno épico y dejar de lado el "Síndrome de Estocolmo"; porque EL FINAL ES SÓLO EL COMIENZO DE ALGO MEJOR y, en este caso, ese "algo mejor" se llama VERANO.

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